Alfredo el Grande: el rey más conocido de los anglosajones
Un día como hoy, 26 de octubre del año 899 Después de Cristo, falleció San Alfredo el Grande, un rey anglosajón católico y virtuoso, muy recordado y conocido por el mundo. Por este motivo, a continuación, reproducimos un artículo que rememora su vida y obra.
Fuente: World History Enciclopedia
Alfredo el Grande (r. 871- 899) fue rey de Wessex en Gran Bretaña, que llegó a ser conocido como rey de los anglosajones después de sus victorias militares sobre adversarios vikingos y por posteriores negociaciones exitosas con ellos. Es el rey anglosajón más conocido de la historia británica gracias a su biógrafo Asser (fallecido en 909) y al impacto de esa obra en escritores posteriores.
El epíteto de Alfredo «el Grande» no se le dio durante su vida sino siglos después, cuando el trabajo de Asser se hizo más conocido y el significado del reinado de Alfredo se reconoció más plenamente. Aun así, durante su vida, Alfredo fue muy respetado como un rey noble que se ganó la confianza de su pueblo por las reformas en la educación y la ley y más notablemente, por su liderazgo contra la amenaza vikinga. Alfredo aparece en la serie de televisión Vikings donde lo interpreta el actor irlandés Ferdia Welsh-Peelo. El personaje de la serie no se basa en el Alfredo histórico con rigor, sino que se realizan desviaciones significativas, sobre todo respecto de su filiación.
Los vikingos habrían iniciado sus incursiones en Gran Bretaña en el 793 y para la época de Alfredo, se habían asentado en toda la tierra desde Northumbria hasta Mercia, con crecientes incursiones en Wessex. Alfredo derrotó al líder vikingo Guthrum (fallecido c. 890) en la batalla de Eddington en 878, luego de la cual pudo tener injerencias tales como la cristianización de Guthrum y sus asesores más cercanos, lo que disminuyó la brecha religiosa entre los dos pueblos. Aunque esta victoria no puso fin a las incursiones vikingas en Gran Bretaña ni hizo retroceder a los vikingos a Escandinavia, dio lugar a un período de relativa paz en el que las reformas de Alfredo pudieron implementarse y echar raíces.
Las impresionantes habilidades militares y administrativas de Alfredo estabilizaron a la Gran Bretaña después de casi un siglo de incursiones y guerras vikingas. Estableció la práctica de traducir obras clásicas del latín al inglés, estableció escuelas públicas, reformó el ejército y revisó y amplió el código legal. Los historiadores posteriores, especialmente durante la época victoriana, lo considerarían el rey más perfecto de la edad media por su piedad, justicia y noble visión de un futuro mejor para su pueblo.
Juventud y ascenso al poder
Alfredo nació en el 849, hijo del rey Ethewulfo y su esposa Osburga. A los cuatro años de edad su padre lo envió a Roma en peregrinación, donde fue confirmado en la fe cristiana por el papa y según la crónica anglosajona, fue ungido rey. Aunque es posible que dicha ceremonia tuviera lugar, parece poco probable, ya que Alfredo era el menor de cinco hermanos y sus hermanos mayores: Etelbaldo, Etelberto y Etelredo habrían tenido prioridad en el orden para heredar el trono antes que él.
Cualquiera que haya sido el efecto del viaje a Roma en el carácter de Alfredo, no parece haber tenido una influencia tan profunda como la que tuvo su madre. En Vida del Rey Alfredo de Asser, Osburga se describe como una mujer religiosa e inteligente que tuvo un efecto significativo en su interés de toda la vida por el aprendizaje; una característica que define principalmente a Alfredo y dio forma a sus logros posteriores.
Aprendió poesía oyéndola recitar y luego repitiéndola, aunque recién en la adolescencia pudo leerla por su cuenta, e incluso entonces no podía leer latín, idioma en el que estaban escritas las obras más importantes de su tiempo.
Cada uno de los hermanos de Alfredo gobernó sucesivamente después de la muerte de su padre hasta que Alfredo fue oficialmente nombrado el sucesor de su hermano Etelredo en el 865 y elevado al rango de comandante militar. Es posible que la familia de Alfredo tuviera pocas expectativas de él como rey guerrero, ya que era más dado a los libros que a la acción y a que durante su juventud solía estar enfermo (posiblemente por la enfermedad de Crohn). Si fue así, se equivocaron: entre 865 al 871 Alfredo demostró ser un líder capaz para la batalla, primero junto con su hermano, y después de la muerte de Ethelredo, por su propia cuenta.
Las guerras vikingas
En el 865, el Gran Ejército Pagano liderado por Halfdan e Ivar «el Deshuesado» invadió Anglia oriental y derrotó rápidamente a cualquier fuerza en su contra. En el 866 tomaron la ciudad de York y en el 867 mataron a los reyes de Northumbria, Osberht y Aelle, y consolidaron su control de la región. En el 868 hicieron constantes ataques a lo largo de Mercia y en el 869 ya habían invadido completamente Anglia oriental. En el 870 llegaron refuerzos para el Gran Ejército Pagano desde Escandinavia y Halfdan llevó a sus fuerzas a tomar Wallingford, devastar Mercia y hacia Wessex el año siguiente.
Etelredo y Alfredo movilizaron sus fuerzas y se enfrentaron a los vikingos en la batalla de Reading, pero fueron derrotados. Asser comenta cómo «los cristianos se despertaron por el dolor y la vergüenza, y cuatro días después, con un estado de ánimo decidido, avanzaron sobre el ejército vikingo en un lugar llamado Ashdown» (Asser, 37, Keynes y Lapidge, 78). La batalla de Ashdown en el 871 probaría la habilidad de Alfredo en el liderazgo militar y su capacidad para pensar con claridad y actuar en una crisis.
Aunque Asser nunca critica a Etelredo de manera directa, señala que se había establecido una estrategia mediante la cual Alfredo y Etelredo comandarían fuerzas conjuntas que atacarían en diferentes puntos de las fuerzas vikingas, pero al parecer, Etelredo nunca pudo hacerse con el mando de su parte en la batalla. Los vikingos mantuvieron una posición estratégica y ya habían fortificado sus defensas cuando Alfredo llegó al campo y se encontró con que su hermano rey todavía estaba ocupado en sus oraciones. Alfredo no tuvo más remedio que tomar el mando de todo el ejército y lideró el ataque. Cabe señalar que el relato de Asser sobre la batalla ha sido cuestionado y otras fuentes atribuyen a Etelredo la participación total en el acontecimiento.

Ya sea que su hermano estuviera involucrado o no, Alfredo salió victorioso, dirigió hábilmente sus fuerzas y expulsó a los vikingos del campo. Animados por esta victoria, los hermanos persiguieron a los vikingos y se encontraron con ellos nuevamente en Basing, pero fueron derrotados. Etelredo murió en abril y Alfredo se convirtió en rey. Nuevamente dirigió su ejército contra los vikingos en la batalla de Wilton y volvió a demostrar ser un líder en el campo de batalla, al menos al principio. Las líneas vikingas se habían roto y estaban en fuga, pero había muy pocos hombres de Alfredo para hacer la persecución. Los vikingos pudieron reagruparse y contraatacar, derrotaron a los sajones occidentales y tomaron el campo de batalla. Llegado este punto, Alfredo no tuvo más remedio que pagarles una gran suma a los comandantes vikingos para que dejaran Wessex.
Durante los próximos años, Alfredo tendría que movilizar continuamente las tropas que pudiera reunir para defender su reino. Aunque el dinero que le había pagado a Halfdan aseguró Wessex durante un tiempo, eso no significaba que los vikingos tuvieran que abandonar Gran Bretaña. Consolidaron su poder en Northumbria, hicieron las paces con los mercios y fueron libres de amenazar la autonomía de Wessex cuando querían. En el 875 los vikingos habían establecido un reino firme y Guthrum, un nuevo caudillo nórdico, había tomado el mando.
En el 876 Alfredo hizo un tratado con Guthrum por el cual le dio rehenes al líder vikingo a cambio de que dejaran a Wessex en paz. Por razones desconocidas, los vikingos no cumplieron con el tratado, mataron a los rehenes, atacaron y luego se retiraron a Exeter, donde pasaron el invierno. Alfredo reunió sus fuerzas y bloqueó la flota vikinga en Devon, lo que los obligó a retirarse a Mercia, aunque en el 877 los vikingos estaban de regreso en las fronteras y a principios del 878 tomaron Chippenham. La redada en Chippenham fue un ataque sorpresa lanzado durante la temporada navideña cuando Alfredo estaba celebrando la festividad en la zona y no estaba preparado en lo absoluto. Los vikingos masacraron a gran parte de la población, pero Alfredo logró escapar con su familia y algunos hombres y se exilió. Asser describió este período de la siguiente manera:
Al mismo tiempo, el rey Alfredo, con su pequeño grupo de nobles y también con ciertos soldados, llevaba una vida inquieta en gran angustia y en medio del paisaje de bosques y pantanos de Somerset. No tenía nada de qué vivir, excepto lo que podía conseguir mediante ataques frecuentes, secretos o no, a los vikingos y a los cristianos que se habían sometido a la autoridad de los vikingos (Asser, 53, Keynes y Lapidge, 83).
La batalla de Eddington
Alfredo permaneció en el exilio, escondiéndose de los vikingos durante al menos tres meses, tiempo durante el cual parece que se estaba preparando para una ofensiva contra los vikingos a través de una red de espías y jefes que le fueron leales. En marzo, según Asser, estaba librando una guerra de guerrillas en contra de los daneses de manera exitosa. En mayo del 878 había reunido fuerzas lo suficientemente grandes para enfrentarse a los vikingos en una batalla. Hizo construir una fortaleza en Athelney, que formó una base de operaciones y parece haberla utilizado para reclutar hombres y lanzar ataques.

En algún momento a principios de mayo, logró sacar a los vikingos de su fortaleza en Eddington y los derrotó en la batalla usando la táctica del muro de escudos. Las fuerzas de Wessex habrían mantenido formaciones cerradas contra el ataque vikingo y luego contraatacaron. Los vikingos fueron expulsados del campo y fortificaron las defensas de su fuerte. Alfredo destruyó todos los cultivos que rodeaban las defensas vikingas, mató a todos los hombres que se encontraban fuera y se llevó el ganado. Los vikingos se quedaron solo con las provisiones que tenían dentro y después de dos semanas de asedio, se rindieron.
Los términos de Alfredo fueron misericordiosas: Guthrum y 30 de sus hombres se debían someter al bautismo cristiano y renunciar a su fe pagana, entregarían rehenes como garantía del cumplimiento y los vikingos debían abandonar Wessex. Todas estas condiciones se cumplieron y Wessex estaba segura por el momento, pero no hay pruebas de que Alfredo pensara que Eddington había puesto fin a los problemas vikingos.
Restauración, reforma y educación
La teoría de que los ataques vikingos eran la ira de Dios no había sido cuestionada desde el ataque de Lindisfarne en el 793; no había una alternativa mejor y Alfredo muy probablemente lo creía. Después de la batalla de Eddington, se puso a trabajar para resolver las causas subyacentes de las redadas que, en su opinión, se debían al mal estado de la educación, el saber clerical y la falta de unidad en su reino.
A partir del 880 Alfredo reorganizó el reino e implementó reformas educativas, legales y militares que transformarían Wessex y finalmente, toda Gran Bretaña. Comenzó por reconstruir las ciudades y los pueblos que habían sido destruidos durante las guerras vikingas y mejorar las estructuras anteriores. Teniendo en cuenta que se iban a poder destruir con la misma facilidad que las anteriores, reformó el ejército y la estructura misma de los asentamientos en su reino.
A principios de la década del 880, Alfredo implementó innovaciones que incluían una reestructuración de la red de pueblos y ciudades. Estas iniciativas se conocen como el sistema burghal, en el que las carreteras mejoradas unían una serie de 33 burhs (asentamientos fortificados) en todo su reino. En un viaje a Roma, en algún momento después de Eddington, Alfredo había aprendido tácticas defensivas y estratagemas de los reyes carolingios de Francia que habían estado lidiando con sus propios ataques vikingos durante siglos. El sistema burghal de Alfredo parece haber sido adaptado de los preceptos carolingios.
Esfuerzos por unificar Inglaterra
En el 886, Alfredo capturó Londres con una victoria impresionante y «todos los ingleses que no estaban sometidos a los daneses se sometieron a él» (Keynes y Lapidge 38). Es posible que la población o al menos los terratenientes tuvieran que hacer un juramento oficial de lealtad al rey, pero incluso si no, está claro que Alfredo había unido al pueblo de Gran Bretaña bajo su gobierno. Keynes y Lapidge señalan que la victoria de Alfredo en Londres marcó «entre los ingleses el surgimiento de un sentido de identidad común, bajo un líder común, en una causa común» (38). Así, Alfredo era ahora el rey de toda la Inglaterra no ocupada por los daneses.
Poco después de tomar Londres, Alfredo selló una alianza con Mercia al organizar un matrimonio entre su hija Etelfleda (r. 911- 918) y el conde de esa región, Etelredo II (r. 883- 911). Se casaron en el 887, cuando el nombre de Etelfleda aparece en las cartas junto al de Etelredo. Etelfleda continuaría el trabajo de Alfredo junto con su esposo como único gobernante de Mercia y ella como la dama de los mercios.

Alfredo continuó sus programas educativos, amplió y reformó la marina y elaboró su propio código de leyes basado en la Biblia cristiana y sus diez mandamientos. Todas las penas adoptaron la forma de multas, excepto las que implicaban delitos de traición o deslealtad. La supremacía del señorío se enfatizó en todo momento, ya que Alfredo creía que el rey gobernaba por voluntad divina y, si era fiel a su llamado, gobernaría con justicia en el mejor interés de su pueblo.
A pesar de haber sido analfabeto en su juventud, el propio Alfredo escribió el código de leyes y tradujo una serie de obras, entre ellas: Regla Pastoral de San Gregorio, Consolación de la filosofía de Boecio, Soliloquios de San Agustín y los primeros 50 salmos. Todos estos libros habían tenido una influencia positiva en Alfredo y por lo tanto, creía que generarían lo mismo en los demás.
Cuando Alfredo murió, el 26 de Octubre del 899, había convertido la Gran Bretaña de regiones dispares y de reinos separados a algo parecido a una nación unificada. A pesar de sus logros y fama, Alfredo no era tan respetado en este momento como lo sería en los siglos posteriores, posiblemente porque las invasiones vikingas continuarían en Gran Bretaña hasta el año 1066.
Otro factor importante es que la obra Vida del Rey Alfredo de Asser no fue muy leída en este momento, ya que Asser nunca la completó ni copió para su distribución. La obra solo llamó la atención del público en el siglo XVII cuando Sir John Spelman lo publicó como una guía para el comportamiento real. En el siglo XVIII, Alfredo fue considerado como el epítome de un rey noble y para la época del período victoriano (1837- 1901), fue aceptado como el fundador del imperio Británico, padre de la armada Británica (aunque solo la reformó) y el rey más grande que jamás haya gobernado Inglaterra.
Sus reformas educativas allanaron el camino para las escuelas públicas en Inglaterra, su código legal sirvió de base para futuras reformas legales y su reestructuración de las ciudades, pueblos y carreteras cambió la infraestructura del país para siempre. Su hija Etelfleda de Mercia continuaría su guerra contra los vikingos, así como sus reformas educativas y el sistema burghal, junto con su hermano Eduardo de Wessex, que había sucedido a Alfredo. Con el tiempo, el hijo de Eduardo, Atelstán, se convertiría en el primer rey de Inglaterra, rey de una tierra unida, y continuaría con el legado de su abuelo.
Bibliografía
- Arman, J. The Warrior Queen:The Life and legend of Aethelflaed, Daughter of Alfred the Great. Amberley Publishing, 2017.
- Ferguson, R. The Vikings: A History. Penguin Books, 2010.
- Harl, K. W. The Great Courses: The Vikings. The Great Courses, 2018.
- Keynes, S. and Lapidge. M. Alfred the Great: Asser’s Life of King Alfred and Other Contemporary Sources. Penguin Classics, 1984.
- Oliver, N. The Vikings: A New History. Pegasus Books, 2014.
- Sawyer, P. The Oxford Illustrated History of the Vikings. Oxford University Press, 2001.
- Somerville, A. & McDonald, R. A. The Viking Age: A Reader. University of Toronto Press, Higher Education Division, 2014.
- William of Malmsbury. The Deeds of the English Kings. The Folio Society, 2008.








