Bolivia enfrenta en 2026 un punto de quiebre económico
Fuente: Economy
El país requiere un ajuste inevitable tras el agotamiento del modelo basado en el gas y el financiamiento del gasto público. Cuatro expertos reconocen una economía frágil, marcada por la escasez de dólares, el déficit fiscal elevado, la caída de la producción hidrocarburífera y una inflación que comienza a sincerarse. Además de un punto de quiebre en donde la estabilización macroeconómica exige señales claras de disciplina fiscal, mayor transparencia cambiaria y reglas más previsibles para la inversión privada.
Entrando al 2026

Ante este escenario, el economista, investigador y docente universitario, Fernando Romero, destacó que Bolivia se encuentra en una fase de estabilización inicial tras una crisis de liquidez externa y fiscal. Se enfoca en dos aspectos críticos: el desabastecimiento de combustibles y la “volatilidad extrema” del tipo de cambio.
Sin embargo, añade, la economía sigue siendo frágil, con recesión, inflación elevada, alta dependencia de financiamiento externo y de las reservas de oro.
De manera inicial, Romero afirma que la clave es la coordinación fiscal – monetaria; por lo que sugiere se debe tener un ancla fiscal creíble; es decir, se cumpla estrictamente la reducción del déficit anunciado en el marco del Decreto Supremo (DS) 5516; contar con una política monetaria prudente, en la que el Banco Central de Bolivia (BCB) evite el financiamiento monetario del Tesoro General de la Nación (TGN) reforzando su señal de independencia operativa.
Romero añade que Bolivia debe contar con una comunicación cambiaria clara, es decir, debe mantener el tipo de cambio referencial y explicar públicamente la estrategia para evitar expectativas de devaluación; por otro lado, mantener el bono PEPE, y otros, pero con padrón depurado para que no se conviertan en un motor fiscal inflacionario y garantizar carburantes en el mercado interno, con reajuste del sistema cambiario del dólar y un control de la especulación y el contrabando de productos.
Romero destaca que, entre las medidas principales para enfrentar la escasez de dólares y normalizar el mercado cambiario, se debería diversificar las Reservas Internacionales Netas (RIN), canalizar los créditos externos a reservas, un mayor incentivo a exportadores y contar con un mercado cambiario más transparente.
El economista planteó una regla fiscal que limite el gasto corriente por debajo del crecimiento del PIB, una reforma tributaria selectiva que amplíe la base del IVA y la UIE antes de subir impuestos, y una revisión de las empresas públicas mediante auditorías, cierres o alianzas público-privadas.
¿Qué sectores económicos podrían ayudar a reactivar el crecimiento si se aplican las políticas adecuadas?
- Minería y oro: Con mayor valor agregado (refinación local y trazabilidad ambiental).
- Agroindustria: Soya, quinua, carne y biocombustibles con acceso preferencial a mercados externos.
- Energía y transición energética: Litio, renovables y gas con contratos estables de exportación.
- Infraestructura y construcción: Apalancada en financiamiento BID y CAF.
- Economía digital y servicios: Exportación de servicios profesionales y tecnológicos.
- Turismo: Pero como una política de Estado en todos sus niveles de gobierno, bajo un marco óptimo y favorable para los visitantes.
“Ordenar la casa”

El presidente del Colegio de Economistas de Santa Cruz (CESC), Alejandro Alpire, destacó que el motor económico nacional está intentando cambiar de combustible, pasando por el gas natural (en declive) al litio y la inversión privada.
En este sentido, afirma que, en el tema de hidrocarburos, el país pasó de ser exportador a enfrentar una crisis de suministro. El enfoque ahora es atraer inversión extranjera mediante seguridad jurídica para revertir el declive de los pozos. Con el tema del litio, destacó que el Gobierno pretende acelerar la industrialización, respetando contratos previos (con empresas chinas y rusas) pero buscando mayor transparencia y tecnología para que este mineral sea el nuevo pilar de divisas.
“El Decreto Supremo 5503, promulgado en diciembre de 2025 y ajustado en enero de 2026 representa un giro de timón más agresivo de la economía boliviana en las últimas dos décadas. Tras años de un modelo basado en el gasto público y subsidios, el Gobierno de Rodrigo Paz está enviando señales contundentes a los mercados nacionales e internacionales”, dijo Alpire.
El Gobierno, según el economista, ha tenido una señal fuerte de sinceramiento, como el ajuste de precios de los combustibles; por otro lado, admite que el Estado ya no tiene dólares para sostener el subsidio. “Una especie de pragmatismo fiscal que busca ahorrar unos $us 10 millones diarios”. Por otro lado, en referencia a los agentes económicos, se acaba la era de los costos artificiales bajos, obligando a las empresas a buscar eficiencia operativa, aunque a corto plazo genera un choque inflacionario y malestar social.
¿Cuáles son los sectores de la economía boliviana que enfrentan mayores dificultades en 2026?
- Hidrocarburos (gas): La caída sostenida de la producción y la falta de nuevas reservas han debilitado al que fue el principal motor económico del país, llevando a Bolivia a depender crecientemente de importaciones
- Transporte y logística: La emergencia energética, el combustible a precio internacional y la irregularidad del suministro estatal mantienen elevados los costos de flete, afectando especialmente al transporte pesado.
- Industria y manufactura local: El encarecimiento del dólar y la escasez de divisas presionan los costos de insumos importados, reducen márgenes y obligan a muchas pequeñas empresas a operar al límite o cerrar.
- Construcción y obra pública: El ajuste fiscal y la caída de la inversión estatal, han enfriado de forma significativa la actividad del sector.
“Transición dolorosa pero necesaria”

El director del Centro de Estudios Económicos del Colegio de Economistas de Santa Cruz (Ciece), Juan Pablo Súárez, explicó que el Gobierno, desde finales del 2025, ha permitido pasar de una economía de consumo subsidiado y gasto fiscal desenfrenado a uno que intenta “timidamente” atraer capital. Sin embargo, afirma que el lastre productivo es pesado; coincide en que la producción de hidrocarburos cayó a niveles mínimos, convirtiendo al país en importadores netos de energía, lo que condiciona cualquier proyección de crecimiento para este año, estimada en 0,5%, según la Cepal.
A pesar que el DS 5503, lanzado en el marco de la “emergencia económica”, es un documento de identidad de la nueva gestión, Suárez destaca señales claras de la misma para el mercado: Como apertura y seguridad jurídica, al establecer contratos de inversión con estabilidad tributaria por 15 años, mediante los cuales el gobierno intenta decir que “las reglas del juego ya no cambiarán a capricho político”.
Otro punto es la libertad de exportación, que con la eliminación de los Certificados de Abastecimiento Interno, se rompen las cadenas del sector agroindustrial, reconociendo que el control de precios y cupos solo generó escasez; y sinceramiento fiscal, que es la reducción parcial de subsidios a los combustibles y arancel 0% para bienes de capital, como señales de priorización de la oferta productiva sobre el gasto clientelar.
¿Qué reformas urgentes necesita Bolivia para ordenar su economía y volver a crecer?
- Unificar el Tipo de Cambio: Eliminar la brecha cambiaria para transparentar la economía, aunque esto sea un sinceramiento del valor del boliviano.
- Privatización/Liquidación de Empresas Estatales: Cortar la hemorragia de las “estatales estratégicas” que solo generan pérdidas (p.ej. Enatex, ingenios azucareros estatales).
- Independencia Total del BCB: Prohibir por ley que el Banco Central financie el déficit del Tesoro General de la Nación (TGN).
- Eliminación de Subsidios: Pasar de una subvención generalizada a una focalizada en el transporte público, liberando el precio de los combustibles para el resto de la economía.
- Reforma laboral: Cambiar el mercado laboral a uno mucho más flexible.
- Reforma tributaria: Dejar de ser un “infierno tributario”.
“Un problema estructural”

Para el analista económico, Gonzalo Chávez, el problema no es político sino estructural a nivel macro, de un modelo que por años se fue gestando lentamente, generando una crisis que no se puede evitar, porque el trabajo del nuevo Gobierno “no es evitar el ajuste, si no decidir como y quien lo paga.
En este sentido, afirmó que el país se encuentra actualmente con anclas económicas (fiscal, cambiaria y productiva), debido a que se tiene un déficit elevado, una caída de ingresos, debido al gas, sin ningún remplazo aparente; una inflación creciente reprimida por años que se librea y será más visible para los bolivianos con la subida de precio de los alimentos y los productos importados.
“Bolivia decidió mantener el tipo de cambio cuando exportaba menos gas, importaba combustible y necesitaba de dólares para pagar las deudas, eso redujo las reservas, creó escasez de dólares y un mercado paralelo de divisas; la producción boliviana es poco competitiva debido a la falta de inversión e industria, la economía poco diversificada que tiene Bolivia no es suficiente para hacer frente a los gastos del país”, dijo Chávez.
Para este año, la economía boliviana enfrenta un momento de verdad: el modelo de crecimiento basado en el gas se agotó y los desequilibrios acumulados, como déficit, escasez de dólares, baja productividad, ya no se pueden posponer.
¿Cuáles serán los principales riesgos macroeconómicos en 2026?
- Fragilidad de las RIN: Aunque alcanzan alrededor de $us 3.800 millones, más del 85% está concentrado en oro, lo que limita severamente la disponibilidad de divisas líquidas para atender compromisos internos y externos.
- Déficit fiscal estructural: Se mantiene elevado, cercano al 7% del PIB proyectado para 2026. Sin una reforma fiscal profunda, será difícil corregir el déficit aproximado del 13% registrado en 2025
- Inflación inercial: La estabilidad cambiaria aporta alivio, pero los efectos del retiro del subsidio a los combustibles siguen trasladándose a costos y precios.
- Dependencia del crédito externo: El financiamiento de organismos como el BID o la CAF funciona como un alivio temporal, pero no resuelve los desequilibrios estructurales de la economía.
Un 2025 con fuertes ajustes

Bolivia cerró 2025 con una inflación acumulada que superó el 20 %, un nivel que confirma el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares en un escenario de presiones estructurales sobre precios, subsidios y abastecimiento.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumuló una variación de 20,40% a diciembre de 2025, tras registrar en ese mes un incremento mensual de 0,59 % respecto a noviembre. El dato consolida un año marcado por fuertes ajustes, especialmente desde mayo, cuando la inflación acumulada prácticamente se duplicó en apenas cuatro meses.
El comportamiento inflacionario estuvo impulsado principalmente por el rubro Transporte, que registró la mayor incidencia positiva en diciembre, seguido por alimentos y bebidas consumidas fuera del hogar, bebidas alcohólicas y tabaco, prendas de vestir y calzados, además de salud y vivienda y servicios básicos.








