Carlos Alberto Sacheri: un gran filósofo argentino
Un día como hoy, 22 de octubre de 1933, nació el gran filósofo católico argentino Carlos Alberto Sacheri. Por este motivo, a continuación, reproducimos un artículo de la revista Verbo que rememora su vida y obra.
Fuente: Fundación Speiro
Por: Bernardo Montejano
El diciembre del año 2000, se cumpfieron 25 años del asesinato de Carlos Alberto Sacheri, de las personalidades más prometedoras del catolicismo tradicional hispánico. Catedrático dc la Universidad Católica Argentina, ésta ha tenido el sentido piadoso de evocar su mcnuaria_ Tras la Santa Misa, celebrada por el Decano de la Facultad de Filosofia, el doctor Julio Méndez, los profesores Medrano y Montejano hicieron uso de la palabra en un acL0 académico. En su día publicamos el “in memoriam” escrito por Juan Vallct dc Goytisolo_ Hoy reproducimos con emoción el texto del profesor Monrcjano (N. de la R.).
Hace unos meses, cerca de Concordia, en las barrancas del Río Uruguay donde se encuentran las ruinas del Castillo de San Carlos, tuvimos el honor de inaugurar el año Saint-Exúpery; entonces afirmarnos algo que podemos repetir hoy al respecto de Sacheri: “debemos ser veraces y reafirmar nuestra fidelidad a su persona y a su ideario” contra las falsificaciones y los reduccionismos.
Además, cabe resaltar que ambos se encuentran unidos en su último testimonio y en sus razones: afrontaron el riesgo, el sacrifido, la muerte violenta, por amor; la confesión del aviador francés vale para los dos: “no sé vivir fuera del amor; no he hablado, ni obrado, ni escrito, más que por amor”.
A Sacheri lo mató el odio
A Sacheri lo mató cl odio, ese odio que tantas veces informa este mundo en el que cual vivimos, un mundo cn el cual reina una bruma densa que oculta la distinción entre las víctimas y los victirnarios o los ideólogos de los victimarios. Sacheri fue víctima y no victimario ni ideólogo de victimarios.
Y para describir este mundo en el cual vivimos queremos apelar a un recordado maestro, porque “este homenaje no es sólo a Sachem sino a la tierra que lo forjó, a los maestros que queremos hacer panicipar”, y de quienes queremos ser portavoces.
El primer maestro es Tomás Casares. Recordamos cuando ya hace mucho tiempo al organizar el Primer Congreso del Instituto de Promoción Social Argentina, Sacheri nos convocó para hablar acerca del tema “Orden natural y subversión en el pensamiento pontificio”, y a Tomás Casaœs para hacer nuestra presentación. Tenemos en nuestro escritorio la fotografia de los tres en el estrado, como un recuerdo entrañable.
Descripción del mundo contemporáneo
Hoy, el retrato de la figura bondadosa de Tomás Casares se encuentra en la entrada de la Facultad, pero muchos jóvenes no saben ni quién era, ni nada de su pensamiento. Para que tengan una idea de su vigor, de su firmeza, de su claridad, vaya esta descripción del mundo contemporáneo que alimentó el odio que mató a Sacheri y que según nuestro maestro, “se organiza según el modelo del infierno que es —decía Santa Teresa— un lugar en el que no se ama… , es como una encarnación de las legiones que pronunciaron el non serviam. Nótese si no cómo el liberalismo lo ha organizado todo contra la Obediencia: a la sociedad, mediante la negación de toda jerarquía; a la política mediante la democracia a la economía mediante el libre juego de todos los intereses; a la familia, mediante el divorcio, la invasión de la autoridad paternal por el Estado, so pretexto de liberar al hijo, y la equiparación de todas las filiaciones; a la educación mediante el laicismo y las pedagogías de la libertad; a la cultura, mediante la negación de una verdad e inmutable; al alma de los hombres, en fin, mediante el mito monstruoso de la autonomía del espíritu…
“Reflexionemos sobre las apostasías del mundo contemporáneo y veremos que no siempre de forma explícita, virtualmente todas las medidas de la abominación están colmadas”.
Hoy, estas virtualidades se han ido actualizando, y varias décadas después de lo afirmado por Casares, el modelo del infierno ha perfeccionado sus técnicas y ha extendido hasta lo increíble el ámbito de su influencia.
La causa del asesinato de Sacheri
Hace casi veinticinco años, esta Universidad fue sorprendida por el asesinato y Monseñor Derisi, entonces rector, redactó una resolución que el Consejo Superior hizo suya, en la cual se considera que el asesinado “como profesor honró casa de estudios con sus sobresalientes cualidades intelectuales, morales y cristianas… que sirvió noblemente a la reconquista de los valores espirituales cristianos que hacen a la esencia de la Nación, que ha muerto precisamente por sustentarlos en todo momento con su lúcida inteligencia y su encendida palabra orat y escrita”.
Estos considerandos no tienen desperdicio, porque no sólo aluden a las sobresalientes cualidades de Sacheri, que no son otras que los talentos de la parábola evangélica que él recibió e hizo fructificar en abundancia, sino que también apuntan a la causa del homicidio: el noble servicio, la reconquista de los valores quc hacen a la esencia de la argentinidad, sustentados “con su lúcida inteligencia y encendida palabra”.
Han pasado casi cinco lustros, la confusión hoy nos abruma, pero estamos aquí, como miembros vivos de la Universidad Católica, para ratificar en todas sus letras los considerandos escritos por Monseñor Derisi, a quien también vaya nuestro homenaje.
A propósito de la violencia
En la revista de la UCA, llamada Universitas, hoy desaparecicla, cuyos magníficos cjcmplares en lugar dc ser distribuidos para el cultivo de las inteligencias, fueron quemados, con lo cual se hizo realidad uno de ‘-los anticipos de Bradbury, su director Santiago de Estrada, publicó una nota titulada: “A propósito de la violencia”, en la cual se alude a la escalada del terrorismo, entre cuyas víctimas se encuentra, afirmaba “intelectuales de la talla de Jordán Bruno Genta y de nuestro destacadísimo e inolvidable profesor, el doctor Carlos Alberto Sacheri”.
Vaya un recuerdo también al profesor Genta llamado por el Padre Castellani, el pedagogo del “juremos con gloria a morir”, quien selló su largo y fecundo magisterio con el testimonio de su sangre.
En dicha nota el doctor Estrada, recordado decano de nuestra Facultad, servidor de la verdad y también de sus profesores y estudiantes, critica la teoría de la “violencia de abajo”, como respuesta a la de arriba”. Y agrega: “cómoda teoría que dio pie para que no pocos sedicentes ecuánimes pretendiesen colocarse en un imposible justo medio y que ofreció amplio campo de difusión a la retórica tercermundista de la liberación y de la denuncia profética”.
Los nuevos ecuánimes
Hoy no faltan nuevos ecuánimes, hombres tuertos de mirada torva, que hablan de una guerra, en cuyo transcurso fue asesinado Sacheri, “entre dos concepciones ideológicas de la misma fe católica”, que serían los “cristianos socialistas” cuya versión más importante fue el tercermundismo montonero, y el nacionalismo.
Y nosotros preguntamos: ¿Qué tenían que ver el ERP, el ERP 22 de Agosto o las FAR con la fe católica? ¿Fue el comunismo internacional, el castrismo, un mero espectador?
¿No tendrá por una vez razón el ubicuo periodista Mariano Grondona, quien escribía en Carta Política, en abril de 1980: “El mecanismo de agitación y propaganda del comunismo soviético, vía Cuba, estuvo detrás de la insurrección terrorista en la Argentina: le dimos su merecido”?
¿En qué obra de Sacheri o de Genta encontramos una lectura ideológica del Evangelio? ¿Qué responsabilidad tuvo el naciœ nalismo tradicional en el gobierno del Proceso y en la represión clandestina? ¿Sacheri el día de su muerte no era acaso el secretario general del Movimiento Unificado del Nacionalismo Argentino?
¿Puede un cristiano poner en un mismo plano “la alianza estrecha entre el poder civil y el poder eclesiástico y la alianza estratégica de la Iglesia con el marxismo”?
Victimas y verdugos
No aceptamos poner en una balanza a las víctimas y a los verdugos; nuestros muertos no son moneda de cambio en ningún mercado, un un mundo, que al decir de Péguy, se había transformado en un inmenso prostíbulo por ser todo negociable; desde entonces hemos avanzado hacia el abismo, pues hoy, se ha ampliado tanto el ámbito del mercado, que se alquilan hasta los vientres; incluso un diario, que se precia ser “una tribuna de doctrina” y manifiesta su preocupación por la familia, condena la prostitución callejera, pero a la vez publicita la otra, pues merca con ella a través de sus secciones de avisos de cultura fisica, masajes y otros, como asimismo negocia con sus avisos de astrología y tarot, con los mercaderes de la religión aúentras publicita prácticas supersticiosas. Ante estas situaciones lamentables que siguen extendiendo el campo de lo negociable, levantamos la bandera de lo no negociable, la bandera de los valores espirituales, la bandera de los que no se compra ni se vende, porque como afirma Saint Exúpery en Tierra de hombres “tal es la moral que Mermoz y otros nos han enseñado… Trabajando sólo por los bienes materiales, construimos nosotros mismos nuestra priSión. Si busco en mis recuerdos aquellos que me han dejado un gusto duradero. encuentro los que no me han procurado ninguna fortuna. No se compra la amistad de un Mermoz, un compañero a quien las pruebas vividas juntos, han ligado a nosotros para siempre”
Bandera que levantaron Estrada y Sacheri que fueron hombres muy parecidos: firmes en sus convicciones y en la expresión de las mismas, siguiendo la máxima evangélica: sea palabra sí, sí, no, no, y suaves en sus modos ejemplarmente caritativos con sus prójimos; pero ellos jamás disociaron la caridad de la verdad, porque la caridad se funda en la verdad; como afirma Fray José López Ortiz: “Transigir con la verdad no es caridad, es faltar a ella, es engañar”.
Hombres sin medias tintas
Para hombres de la talla de Estrada, de Casares, no cabían medias tintas.
El primero se definía ya en la tapa de Prudentia luris, de la cual fue fundador y primer director: allí aparecen dibujados por Francisco Fornieles, Santo Tomás y su mundo: la Cristiandad. Ello era explicado así en la presentación de la revista: “sobre el trasfondo del orden natural instituido por Dios, Creador y Legislador del Universo, se destaca la reordenadora Sabiduría Cristiana, representada por el más alto exponente de la Teología Católica, Maestro Común de todos los tiempos”. Esa portada, con su definición explícita, inequívoca, permaneció más allá del alejamiento de su director, mientras estuvo a nuestro cargo la subdirección de la revista. Después soplaron otros vientos, los vientos de las indefiniciones, de lo vago, de lo equívoco, a quienes ella molestaba y la eliminaron; los mismos vientos que suprimieron la materia “Introducción a la Doctrina Social de la Iglesia”, tal vez para borrar la obra de ese gran decano.
Por su parte, Casares, fue doctor del derecho cristiano, el apologista de un peculiar derecho de la creatura humana, olvidada en tantas verbosas declaraciones: el derecho a la esperanza sobrenatural, tan importante que nos permite una adecuada inserción en la temporalidad de nuestro peregrinaje terrestre y nos protege a la vez contra la presunción y la desesperación; derecho que es reconocido en el contexto de la Cristiandad definida por el Padre Meinvielle como “un conjunto de pueblos que públicamente se proponen vivir con las leyes del Santo Evangelio” ,
Jirones de la Cristiandad
Hoy, por desgracia, la Cristiandad ha desaparecido. Pero existen en nuestras naciones jirones de Cristiandad que hay que cultivar, y a cuyo laboreo Sacheri dedicó lo mejor de su existencia.
En 1980, en Le Bourget, Juan Pablo II preguntó: “Franda, Hija Primogénita de la Iglesia, ¿eres fiel a las promesas de tu bautismo? Francia, Hija Primogénita de la Iglesia y educadora de pueblos, ¿eres fiel por el bien del hombre, a la alianza con la Sabiduría?” , Las preguntas no estaban formuladas a ninguna persona parücular, sino a la nación francesa. Rota la alianza por los poderes públicos, la nación cristiana, no será nuevamente pagana sino apóstata. Pero la alianza permanente en las almas de los bautizados y en las tradiciones que son la base de la cultura, con la esperanza de un nuevo resurgimiento público.
Sacheri murió por las esencias
En el mismo número de la benemérita revista Universitas, aparece un artículo que Federico Mihura escribe en recuerdo de Sacheri. El autor quiere contribuir a que su memoria “además de salvarse de la caducidad del recuerdo, crezca y fructifique en obras de su inspiración”, señala con agudeza que “Sacheri no buscó el martirio, pero se opuso tranquila e inflexiblemente a los poderes que, hoy por hoy, son los únicos que tienen en sus manos la sentencia de vida o muerte. A Sacheri la muerte le llegó sin estridencias ni desplantes, sin siquiera la posibilidad del gesto; le llegó oculta, terriblemente eficaz, como lo preconiza el nuevo método de la tiranía homicida. Pero así como es hoy solapada la persecución, es oculto y casi secreto el martirio: vean quienes tienen ojos para ver”.
Lo que sucede es que Sacheri murió por las esencias y hoy hay muchos que sólo ven con los ojos de la carne para los cuales ellas son invisibles.
Más adelante, afirma que Sacheri “no fue un activista”, pero “mucho menos fue un pasivo profesor de gabinete”, y alude a “la fertilidad de su acción formadora”.
Y concluye con palabras que expresamente queremos hacer nuestras: “La Universidad Católica en la medida en que se conserva fiel a los principios que justifican sú existencia, manifiesta su identificación doctrinaria con quien supo expresar esos principios de modo tan coherente… El día en que… dudemos que tal sea su destino tendremos la certeza ‘de que la existencia de la Universidad Católica ya no tiene justificación alguna”.
Los arquetipos
Sacheri es un modelo, un arquetipo civil para los argentinos y en especial para la juventud de nuestra patria, que hoy tantas veces confundida por falsos arquetipos salidos del cine, la televisión, el deporte o la farándula, prefiere el placer al heroísmo, como el capitán Giachino y tantos otros caídos en las Malvinas son arquetipos militares.
Sacheri no cambia más, su fidelidad adquirió perfiles eternos en el momento de su sacrificio. Pero nosotros podemos cambiar y debemos rezar todos los días para que, ante tantas tentaciones que nos rodean, Dios sostenga nuestra fidelidad.
Las traiciones
Han pasado casi veinticinco años. En nuestras filas hemos sufrido muchas bajas y no por muertes heroicas: cuántas traiciones, a veces disfrazadas por interminables discursos y palabras grandilocuentes; cuantas deserciones, para las cuales siempre se encuentran excelentes pretextos; cuantos malos ejemplos para la juventud; cuántas rendiciones a las modas, a los signos de los tiempos transformados en normas; al mundo, que con el demonio y la carne sigue integrando la trilogía enemiga; cuántos transformados en cultores de la filosofía de la exterioridad, vacuos, vacíos, pura etiqueta y embalaje, figurones e ignorantes engreídos; cuántos que han rematado al mejor postor sus ideas y sus personas a cambio de famas, honores y emolumentos; cuántos ingratos que olvidan a sus maestros; cuántos arribistas que han enterrado antiguas fidelidades.
Perseverancia y graütud
El modelo de Sacheri nos tiene que ayudar a la perseverancia hasta el fin. Su modelo de prudencia, que nunca redujo a la cautela, de seriedad, de hondura, incluso sus notas periodísticas en las cuales nunca cayó en la curiosidad, verdadera excepción en ese género. Modelo de benevolencia, de amabilidad, de firmeza, de serena alegría.
Modelo de gratitud hacia sus maestros inmediatos: el Padre Julio Meinviel]e y Charles de Koninck y a su maestro mediato Santo Tomás de Aquino con todo lo anterior que éste recoge en maravillosa síntesis, todo un patrimonio despreciado hoy por los nuevos bárbaros.
Así, en la revista Cabildo, en septiembre de 1973 ante la muerte de nuestro común maestro, el Padre Julio Meinvielle, Sacheri esaibió un artículo titulado “Intelectual combatiente”, que concluye con estas palabras: “sepamos los más jóvenes conservar el fuego sagrado que nos ha dado en herencia”. El discípulo fue hasta el final fiel al legado. Sigamos nosotros su ejemplo.
Impiedad y Cruz
Nuestro libro Curso de Derecho Natural, en sus últimas cinco ediciones, está dedicado a la memoria de Carlos Alberto Sacheri y Ernesto Carlos Piantoni, quienes dieron sus vidas por Dios y por la Patria.
Sacheri fue asesinado delante de su mujer y de sus siete hijos. Nuestro querido ex alumno Carlos Piantoni fue asesinado en Mar del Plata el día en que nació su tercer hijo. “IPobre mi hijito!” fueron sus últimas palabras. Los asesinos no conocen la piedad. Sus ideologías perversas multiplicaron los huérfanos, sembraron el dolor. Sabían a quiénes mataban, sabían las heridas que abrían entre sus familiares y sus amigos; heridas de las que conservamos las cicatrices.
Señala Leopoldo Marechal que un pueblo se realiza cuando traza las líneas de la Cruz en su esfera durable: la vertical de los santos y la horizontal de los héroes; que si no podemos trazarla como pueblo debemos al menos trazarla como individuos. Sacheri, como hombre, como marido, como padre de familia, como filósofo, como profesor, como político, como cristiano, trazó su Cruz fiel a una celosa geometría.







