Colombia: familia de joven abusada denuncia imposición médica de «transición de género»
Fuente: Razón+Fe
Una demanda llegó este viernes a los juzgados civiles del circuito de Cali y podría convertirse en un hito judicial en Colombia. Se trata de un caso que enfrenta a una familia del Valle del Cauca con la prestigiosa Fundación Valle del Lili, considerada como la cuarta mejor clínica de América Latina, por irregularidades en el «cambio de género» de una menor de edad identificada en el expediente como Laura.
El abogado Pedro Daniel Contreras, vocero de la fundación Nueva Democracia y apoderado de la joven, presentó ante la justicia una demanda en la que se alega que los especialistas del centro médico habrían realizado un diagnóstico erróneo e iniciado un tratamiento irreversible sin cumplir con los estándares internacionales.
Según el documento judicial, a una adolescente de 15 años se le habría administrado testosterona en una etapa no recomendada y, posteriormente, bloqueadores de pubertad. El abogado contó en la demanda que los médicos le habrían recomendado de manera reiterada la realización de una «masculinización torácica», como en efecto sucedió, «pese a la falta de estabilidad diagnóstica y la ausencia de un consentimiento informado».
La acción judicial involucra a la Fundación Valle del Lili y a tres profesionales de la salud que atendieron a la paciente entre 2017 y 2020. Las víctimas, entre quienes se incluyen los padres de la joven, reclaman una indemnización económica y acciones consecuentes del Estado para que su viacrucis no se repita.
Según el relato presentado en el proceso, la historia de Laura comenzó en 2006 cuando, con apenas cinco años, fue víctima de abuso sexual por parte de la empleada doméstica de su casa, situación que se extendió hasta 2008. Ella guardó silencio por casi diez años, y los efectos fueron notables en su desarrollo psicológico.
En sus propias palabras, Laura expresó a SEMANA:
«Yo crecí con miedo a ser mujer. Después del abuso, me volví más cerrada. Cuando empecé a desarrollarme, empecé a esconderme en ropas oscuras con miedo a que volviera a pasar. Sin embargo, no tuve sentimientos de sentirme hombre».
Sobre los 14 años, ella accedió a un video en YouTube que exponía las supuestas razones para identificar si era una persona trans: «Si te incomoda el periodo, si te gusta usar jeans más que faldas, si no usas maquillaje. Decían que todo eso eran motivos para hacerte un hombre trans», le dijo Laura a SEMANA. Esos elementos la llevaron a cortarse el cabello y a comportarse como un hombre bajo los estándares que le mostraron las redes sociales:
«En mi miedo a ser mujer, que lo traía desde la infancia, y mi confusión de adolescente, todo esto tenía sentido. Empecé a pensar que era un niño».
Esa decisión se tradujo en problemas de irritabilidad, depresión y sentimientos suicidas.
Luego de contar en su casa que había sido víctima de abuso sexual, recibió la primera atención psicológica para tratar las consecuencias de los traumas ocasionados por estos episodios. La profesional tomó la decisión de remitirla a donde un psiquiatra, quien la recibió a comienzos de 2017.
Según el abogado de Laura, este último médico «ignoró por completo el episodio de abuso, al punto que ni siquiera lo registró en su historia clínica. Encontró en ella un ‘cuadro depresivo’ y, a reglón seguido, afirmó que existía una ‘disforia expresa’ y les recomendó a sus padres que su tratamiento continuara en la Fundación Valle del Lili».
El primer contacto con la clínica ocurrió en febrero de 2017, cuando un psiquiatra la atendió: «Procedió a diagnosticarla con disforia de género sin abordar los episodios de abuso sexual que había sufrido», dijo el abogado. En este punto, la defensa agregó consideraciones importantes omitidas por el psiquiatra:
«Únicamente trató las inquietudes de Laura con respeto a su identidad masculina, desatendiendo su prospección incierta, su depresión, sus episodios de agresividad, su inmadurez y la influencia de toda la información que ella obtenía de internet».
El 12 de junio de ese mismo año, la paciente fue recibida por un endocrinólogo pediatra, quien habría radicado en la historia clínica que «asiste para apoyo hormonal» y le recetó testosterona. El abogado, apoyado en los conceptos de varios peritos internacionales, argumenta que dicha determinación habría sido «apresurada, ya que ese tratamiento no debe iniciar antes de los 16 años«.
Laura contó que, con esas dosis, no sintió mejoría y se ordenó suspender la hormonización por la falta de certeza en el diagnóstico, dado que su identidad de trans no estaba claramente definida, de acuerdo con su relato a SEMANA.
Por esa misma temporada, ella volvió a usar prendas femeninas y manifestó que podían llamarla como Laura o Nicolás, y le habría expresado a la psicóloga de la Fundación que «tenía ideas formadas sobre la maternidad, que quería interrumpir la menstruación y luego recuperarla para tener hijos y amamantarlos».
Cuando se le frenó la aplicación de testosterona, el endocrinólogo le habría recetado bloqueadores de pubertad para cumplir con la expectativa de detener la menstruación. El abogado cuestionó que este «decidió usar bloqueadores de pubertad después del uso de hormonas cruzadas, lo cual no responde a ningún protocolo reconocido por la comunidad médica«.
El tratamiento con las hormonas se retomó a comienzos de 2018 y se extendió hasta mayo de 2020. «Durante ese periodo, los médicos convencieron a Laura de realizarse una ‘masculinización del pecho’, cirugía plástica con efectos irreversibles». La mamoplastia de reducción se la hizo en enero de 2020 y la última cita a la que acudió a la Fundación fue en julio de ese mismo año.
Sobre esta secuencia de decisiones y hechos, el abogado apela al recto criterio del juez, sobre la base de la precipitud con que se procedió para emitir un “diagnóstico” apresurado y a todas luces incierto, y las decisiones médicas equívocas:
El endocrinólogo «se equivocó al iniciar la administración de hormonas cruzadas en junio de 2017 a una paciente de 15 años. Recetó testosterona contrariando las indicaciones médicas e, incluso, su propio criterio médico. Después, prescribió bloqueadores puberales, contrariando el uso recomendado por los estándares médicos para estas hormonas. Finalmente, aprobó la práctica de una cirugía con efecto irreversible. Todo ello, de manera negligente, imprudente y con falta de pericia, obviando las contraindicaciones, efectos secundarios y daños que se causarían sobre el cuerpo y la salud mental de Laura».
Frente a este panorama, la Fundación Valle del Lili respondió a SEMANA: «No es posible dar información clínica de pacientes sin su consentimiento o autorización expresa. Sin embargo, aclara que, a la fecha, la institución no ha recibido ninguna reclamación o manifestación formal por parte del paciente o de las personas involucradas. En caso de que se reciba algún requerimiento formal, será atendido conforme a los procedimientos legales y éticos establecidos. Asimismo, informa que todas las intervenciones y procedimientos realizados en la institución se sustentan en la evidencia científica y cuentan con los respectivos consentimientos informados».
Los menores requieren protección especial y cualquier intervención médica debe estar orientada al bienestar integral de la persona, considerando tanto su salud física como psicológica, y siempre respetando el principio de precaución ante procedimientos irreversibles. Más aún, en materia tan deleznable como basar un tratamiento tanto psicológico como psiquiátrico y endocrinológico sobre presupuestos ideológicos sin base científica real y haciendo caso omiso de las precauciones y protocolos estipulados a nivel internacional, habida cuenta de los casos documentados de intervención unilateral con efectos y daños irreversibles sobre los pacientes.
En este caso, además, dadas las circunstancias y la génesis del problema, esta familia resulta doblemente victimizada: tanto por el abuso sexual y psicológico de la perpetradora sobre una menor de edad como por la deriva clínica posterior bajo la responsabilidad de los profesionales de la salud a cargo como psicóloga, psiquiatras y endocrinólogo.








