Guillermo Áñez Rodríguez: un notable político cruceño
Un día como hoy, 24 de octubre de 1932, falleció Guillermo Áñez Rodríguez, notable político cruceño. Por este motivo, a continuación, reproducimos un artículo que rememora su vida y obra.
Fuente: Hernando Sanabria Fernández, Cruceños notables. Librería Editorial “Juventud”. La Paz, 1991. Págs. 20-21.
Este era hombre de singular inteligencia, honorable conducta, ingenio agudo y palabra fácil y elegante. Nació en San Javier, provincia de Ñuflo de Chávez, el 25 de octubre de 1887, de la unión legítima de Francisco Áñez, modesto hacendado de aquella provincia, y Lucinda Rodríguez, maestra de niños del campo.
Estudiante de humanidades en el Colegio Nacional Florida, egresó de éste y recibió el grado de bachiller con las más altas notas de todo el alumnado, el año 1905. Pasó seguidamente a los estudios de abogacía en la Universidad de Santo Tomás de Aquino que sería luego bautizada con el nombre de Gabriel René Moreno. Un notable estudio hecho por él sobre el tema de la adquisición del derecho a poseer tierras baldías, con el que optó la licenciatura en derecho, le dio crédito entre los juristas y fama como intelectual. Lo demás hizo su buena fortuna, con la poderosa ayuda de las prendas físicas y morales que le adornaban.
Abogado en 1912, no tardó en ser requerido para la actividad política. Incorporado al Partido Liberal en la línea que dio en llamarse doctrinaria conducida hábilmente por el Dr. y general Ismael Montes, integró desde 1912 el directorio departamental de aquel partido. En 1916 fue elegido diputado por la provincia de Velasco, habiendo concurrido al congreso de aquel año, señalado por las vibrantes agitaciones políticas que dirigía el flamante grupo de oposición y se hacía llamar Partido de la Unión Republicana.
Aquel año consiguió que se dictare la ley que dividía en dos la provincia chiquitana de Velasco. La de nueva era creada con el nombre de Ñuflo de Chávez, con capital Concepción y 2ª Sección Municipal en el pueblo de San Javier, del que era él oriundo. Reunido ese año la Convención Liberal proclamó candidato a la presidencia de la república al financista José Gutiérrez Guerra. Las elecciones generales se celebraron en mayo del año siguiente, y su resultado fue la completa victoria alcanzada por el dandy financista.
Áñez, cuyo talento, ingenio y prestancia personal habían despertado las simpatías del nuevo presidente Gutiérrez Guerra, pasó a ser uno de los favoritos de éste. A fines de 1919 fue llamado a integrar el equipo gubernamental como ministro de Instrucción Pública, cargo en el que fue ratificado al año siguiente. Se hallaba en ejercicio de este portafolio cuando estalló la revolución republicana que acabó con el gobierno de Gutiérrez Guerra y dio paso al de una junta cuyo virtual ejecutivo vino a ser D. Bautista Saavedra.
Sin otra razón que ser ministro del gobierno liberal echado al suelo, Áñez fue encarcelado en el penal de San Pedro durante varios meses. Allí hubo de sufrir las tropelías y los varapalos que dirigía en persona un intelectual que después alcanzaría fama de escritor e ideólogo político de izquierda a la sazón en funciones de “gobernador del panóptico” o más bien alcaide carcelero.
Liberado de prisión y tras de algún tiempo de exilio en países extranjeros Áñez volvió al país y fue a establecerse en Riberalta. En esta ciudad beniana trabajó con fortuna en la profesión de abogado y luego en las funciones concejales de munícipe. Tiempo después vino a avecindarse en Santa Cruz, donde era altamente estimado. En 1931 fue presidente del Concejo Municipal y luego del Club Social “24 de Septiembre”. Aquejado por una fuerte dolencia, falleció en Buenos Aires el 24 de octubre de 1932, cuando desempeñaba allí las funciones de cónsul general de Bolivla.







