Julio Verne: el escritor visionario
Un día como hoy, 8 de febrero de 1828, nació Julio Verne, un gran escritor francés. Por este motivo, a continuación, reproducimos un artículo que rememora su vida y obra.
Fuente: Nat Geo
Julio Verne, Ciencia y ficción
Julio Verne encontró, a través de sus Viajes Extraordinarios, la manera de combinar el entretenimiento con la difusión de los conocimientos de su época. Lector obsesivo de revistas científicas y geográficas, él sostenía que cada dato contenido en sus obras «ha sido examinado al detalle y es rigurosamente exacto». En la imagen, aparece en una foto de 1880 coloreada.
Máquinas increibles
En sus obras, Verne imaginó ingenios que se anticiparon a su tiempo, como el submarino, los viajes espaciales o las máquinas voladoras. Entre los diferentes aparatos que poblaron sus obras, se encuentra El Espanto, aparecido en la novela El dueño del mundo, que viajaba por tierra, mar y aire. Sobre estas líneas aparece volando con las alas desplegadas.
Amistades culturales y bohemias
Julio Verne llegó a París en 1847. Allí frecuentó a la bohemia del Barrio Latino y los círculos literarios, donde conoció, entre otros, a Alexandre Dumas hijo. También entabló amistad con Nadar (en la imagen), pionero de la fotografía aérea, que contagió a Verne la pasión por el vuelo aerostático.
Primeras fotografías aéreas de París
En 1862, Georges Nadar hizo los primeros retratos de París desde un globo. La imagen de arriba corresponde a una de esas estampas y fue realizada, probablemente hacia 1868, pese a que la fecha que aparece en ella es 1858.
Ediciones de lujo
El editor de Julio Verne cuidaba con mimo la estética de los Viajes Extraordinarios para adaptarla a los gustos del público. Así surgió la idea de las portadas diseñadas mediante la técnica del cartonaje, encuadernando los libros con una cubierta de cartón forrada de tela ricamente decorada. La imagen pertenece a una portada original de la novela Víctor Sevardac (1877).
El retiro tranquilo
A inicios de la década de 1880, el escritor se instaló en Amiens, buscando la tranquilidad para escribir al ritmo frenético de dos libros anuales. Verne se integró plenamente en la vida social de la ciudad, de la que llegó a ser concejal de Educación, Museos y Fiestas. Entre sus logros se cuenta la construcción de un circo, en la imagen, donde entre otros espectáculos, se representaban adaptaciones de sus obras.
La Casa de la Torre de Amiens
Los últimos 18 años de su vida, Julio Verne los pasó en la llamada Casa de la Torre, en Amiens. Su arquitectura de hierro y cristal es similar a la de las exposiciones universales de finales del siglo XIX. En la imagen la fachada de la entrada, que se hacía a través de un jardín de invierno donde recibía a sus visitantes. Hoy la mansión se ha convertido en un museo dedicado al autor.
Adaptaciones teatrales
Muchos de los Viajes Extraordinarios de Julio Verne fueron adaptados al teatro con gran éxito y reportaron beneficios extraordinarios al autor. La caricatura aparecida en el semanario L’Eclipse en 1874 se hace eco del estreno de la adaptación teatral de La vuelta al mundo en 80 días.
Revolución tecnológica
Julio Verne era un lector compulsivo de revistas científicas y estaba al tanto de las últimas innovaciones tecnológicas, que aparecían en sus obras. Por ejemplo, el telégrafo, que conectó el mundo en tiempo real, era muy usado por Phileas Fogg para dar cuenta de sus avances en La vuelta al mundo en 80 días. En la imagen, una réplica del telégrafo sin hilos de Marconi.
Lugares lejanos y exóticos
A través de los libros de Verne, los lectores europeos se trasladaban a lugares lejanos y exóticos del resto de continentes. En la imagen, el templo de Kali en Calcuta, ciudad a la que llegó Phileas Fogg en La vuelta al mundo en 80 días tras atravesar la India desde Bombay.
El lado oscuro del escritor
En la última etapa de su vida, las obras de Julio Verne transmitieron su pesimismo respecto al mal uso que la humanidad podía hacer de los avances tecnológicos. Sobre estas líneas, una portada moderna de Los 500 millones de la Begún (1879), en la que advertía del peligro de poner la tecnología al servicio del imperialismo imperante en la época. En esta obra, el escritor avanzó el uso del gas tóxico y los misiles aéreos, armas utilizadas 35 años después en el gran conflicto nacionalista que fue la Primera Guerra Mundial.
Un hombre poco viajero
Al contrario que los personajes de sus libros, Julio Verne apenas salió de Francia. Recorrió la costa atlántica y mediterránea con alguno de sus tres barcos y sus viajes pueden contarse con los dedos de una mano: visitó Escocia, Inglaterra y Escandinavia, e hizo un crucero a Nueva York, donde visitó las cataratas del Niágara (sobre estas líneas en un óleo del siglo XIX) que lo impresionaron. Años más tarde afirmaba no poder “hablar de ello sin emoción”.
Julio Verne fue uno de los autores más prolíficos y leídos de la historia. La fórmula de su éxito se debió a la combinación de dos elementos que apasionaban a la sociedad europea de finales del siglo XIX y principios del XX: las aventuras de los exploradores que se adentraban en territorios desconocidos hasta entonces –como los polos, el África tropical o las profundidades submarinas–, y los avances científicos y tecnológicos que plasmaba en sus obras. Esto último le otorgó un aura de escritor visionario, al ir un paso por delante de la realidad de su época (máquinas voladoras, submarinos, viajes espaciales…), aunque él siempre defendió que sus predicciones estaban basadas en la aplicación lógica de la tecnología existente en la época.







