Lorgio Serrate Vaca Díez: jurisconsulto y escritor cruceño
Un día como hoy, 24 de febrero de 1913, nació Lorgio Serrate Vaca Díez, jurisconsulto y escritor cruceño. Por este motivo, a continuación, reproducimos un artículo que rememora su vida y obra. Las negritas son nuestras
Fuente: Hernando Sanabria Fernández, Cruceños notables. Librería Editorial “Juventud”. La Paz, 1991. Pp 174-175.
Fue hombre de privilegiada inteligencia y encendido ánimo, nacido el 24 de febrero de 1913. Su padre, el Dr. Saúl Serrate, fue hombre público de grandes alcances. Su madre, doña Blanca Díez, era hija del notable médico y colonizador en el más sentido del término, Dr. Antonio Vaca Díez.
Se distinguió por su agilidad mental, su capacidad receptiva y su facilidad de palabra, desde los años en que cursaba estudios en el Colegio Nacional Florida. Graduado de bachiller en 1930, viajó a la ciudad de La Paz, en cuya universidad inició los estudios de Jurisprudencia. Estallada al año siguiente la Guerra del Chaco, el gobierno le asignó a una función diplomática en Buenos Aires.
Concluida aquella nefasta guerra volvió a la ciudad natal, para reiniciar sus estudios de derecho. Representó a los universitarios cruceños en el II Congreso Nacional de Estudiantes reunidos en Santa Cruz el año 1936. Las incidencias de aquel congreso le obligaron a expatriarse durante dos años. Nueva vez en la Patria reanudó los estudios, llegando por aquellos días al secretariado general de la FUL (Federación Universitaria Local). Obtuvo la licenciatura presentando una tesis sobre el régimen de alquileres en la legislación nacional y la necesidad de su reforma. Se tituló de abogado el año 1941, y empezó de entonces a ejercer la profesión con notorio crédito.
El gobierno del presidente Hertzog le designó en 1947 Interventor de la Municipalidad, cargo que ejerció hasta el año siguiente. En 1950 el presidente Urriolagoitia le confió las funciones de Jefe de Policía, durante cuyo ejercicio desempeñó interinamente la prefectura del departamento.
Practicó el periodismo desde la adolescencia, habiendo empezado con la dirección de hojas juveniles de corta vida pero animosa trayectoria. Entre 1940 y 1941 dirigió el interdiario “El Orden”, en el cual mantuvo una sección fija que firmaba con el pseudónimo de Matilde Celsa, un personaje femenino del pasado, que gozó en su tiempo de gran popularidad. Tal sección estuvo caracterizada por la crítica fina que contenía, en un lenguaje ingenioso y chispeante, de sabor agridulce.
Los sucesos de la década siguiente le llevaron a expatriarse por segunda vez, fijando esta vez la residencia en la ciudad brasilera de San Pablo. Años después habría de desempeñar allí las funciones de cónsul boliviano y, tras de obtener la revalidación legal de su título de abogado, el ejercicio de esta profesión.
Instalado de nuevo en el país hacia la década del 60, practicó la abogacía, pasando luego al desempeño de funciones judiciales. Al mismo tiempo enseñaba en la universidad la asignatura de Oratoria Forense. En 1970 fue elegido Vocal de la Corte Suprema de Justicia, cargo en el que llegó a la culminación de su carrera.
Era de buen porte, atrayente figura y pulidos modales, ingenioso en el decir y grave en el juzgar. Aquejado de grave dolencia, rindió la vida el 21 de septiembre de 1975.








