Cómo se fundó el partido fascista italiano
Un día como hoy, 9 de noviembre de 1921, se fundó el Partido Nacional Fascista en Italia. Por este motivo, a continuación, reproducimos un artículo que relata este acontescimiento histórico.
Fuente: Eurasia 1945
Cuando Benito Mussolini leyó el Manifiesto Fascista en la Plaza Santo Sepolcro de Milán el 23 de Marzo de 1919, pocos pensaron que su movimiento alternativo a la derecha capitalista conservadora y a la izquierda marxista fuese a tener futuro en Italia. No obstante y contra todo lo esperado, su organización supo aprovecharse de la crisis económica y social derivada de la Primera Guerra Mundial, así como también del peligro revolucionario de los comunistas y del descontento general de la población con el Gobierno de Roma, para crecer considerablemente hasta ampliar la base de sus seguidores al conocido como Partido Nacional Fascista.
El nacimiento de los Fasces de Combate (Fasci de Combattimmento) como milicia de la nueva doctrina fundada por Benito Mussolini, tuvo un gran eco mediático a nivel nacional y en seguida algunos de sus líderes se hicieron muy conocidos, aunque en términos políticos sus resultados fueron un fiasco porque sólo en las elecciones locales de Milán sus miembros obtuvieron algo más de 4.000 votos. La razón de tal rechazo era que pese a que muchos italianos veían en aquel movimiento una vanguardia garante del orden frente a los desmanes de la violencia marxista durante el denominado Bienio Rojo «Bienio Rosso», en realidad no se los valoraba por sus conocimientos de gestión o administrativos porque al fin y al cabo no dejaban de ser una milicia que operaba en Roma, Milán y puntos muy concretos de Italia.
Consolidadas las bases ideológicas del pensamiento fascista a finales de 1919, en seguida el movimiento se extendió de Milán hacia Emilia-Romaña, Lombardía, Toscana, Florencia, Siena, Pisa, Massa y Arezzo. También el impacto en el mundo rural fue muy exitoso con la nueva tesis del llamado «fascismo agrario», consistente en una serie de acuerdos a través de los cuales los terratenientes concederían pequeñas parcelas de tierra cultivables a los campesinos, lo que implementó el apoyo a la causa mussoliniana en feudos que anteriormente habían estado plenamente dominados por los marxistas, tal y como fue el caso de la Llanura Padana del Río Po, donde uno de cada cuatro fascistas eran braceros del ámbito de la agricultura o la ganadería.
A partir de 1920 la violencia de aquel período del «Bienio Rojo se intensificó en Italia entre los marxistas, las fuerzas del orden y otros grupos políticos a izquierda y derecha, viéndose por primera vez involucrados en batallas y peleas callejeras los Fasces de Combate fundamentalmente sobre la geografía al norte de la Península Italiana. Algunos de los episodios más notables protagonizados por las escuadras mussolinianas fue la quema de 141 sedes de movimientos marxistas y el asalto a 59 casas del pueblo, además del incendio al Hotel Balkan de Trieste que era el punto de reunión del nacionalismo esloveno. Entre los fallecidos que se registraron durante el año hubo 258 personas contando a 172 socialistas o comunistas, 10 católicos, 4 fascistas, 51 policías y 51 transeúntes que murieron en «fuego cruzado», además de resultar heridos otros 1.476 ciudadanos entre 578 socialistas, 99 católicos, 57 fascistas, 437 agentes y 305 civiles.
Gracias a los cambios adoptados por los Fasces de Combate en el II Congreso Fascista de 1920 el movimiento sumó los 120 representantes políticos en Milán y más de 30.000 afiliados. A los pocos meses, ya en Diciembre, en Italia los seguidores habían aumentando a 830 y 200.000 miembros respectivamente; ascendiendo la cifra en Abril de 1921 a 1.500 y 250.000, los cuales según por región se distribuyeron de la siguiente manera: 114.487 al norte del país, 28.704 en el centro y 44.397 en el sur, estando los restantes 70.000 en Sicilia, las comarcas periféricas de los Balcanes o en las colonias. La procedencia profesional de dichos seguidores era de un 24,3% de agricultores, un 16’7% de actividades burguesas, un 15% de obreros, un 13% estudiantes, un 12% de propietarios, un 9’2% comerciantes o artesanos y 9’8% de empleados, de los cuales el 80% había combatido en la Primera Guerra Mundial y un total de 59.000 militantes fuera de estos porcentajes eran menores de edad que se sumaron por entusiasmo. A raíz de este crecimiento espectacular que pronto superó la cifra de 322.000 fascistas, el propio Benito Mussolini tuvo los suficientes avales para en Mayo apuntarse al registro oficial y presentarse a los próximas elecciones nacionales, fijadas para finales de ese año 1921.
El contexto preelectoral de 1921 era complicado porque acababa de fundarse el Partido Comunista Italiano (PCI) que contaba con 58.000 afiliados bajo el liderazgo de Amade Bordiga y un periódico propio titulado Arditi del Popolo, siendo la mayor parte de sus seguidores una escisión de la Internacional Socialista manejados desde la sombra por la Rusia Soviética en Moscú. Aquella fractura fue en parte responsabilidad del Partido Socialista Italiano que había ido moderando su discurso hasta acabar dividido en tres facciones: los reformistas más liberales de Filippo Turati, los centristas de Giacinto Serrati y los pro-moscovistas radicales. Precisamente la entrada en escena de estos últimos comunistas les permitió rivalidar con los fascistas a su izquierda, como también lo hicieron en el campo del nacionalismo los revolucionarios del Partido de los Combatientes al frente de Nicola Bombacci que aglutinaba a muchos de los veteranos de la Primera Guerra Mundial. Ante esta situación los Fasces de Combatientes se unieron a la coalición de los Bloques Nacionales (Blocchi Nazionali) que incluía una fusión de los fascistas con la Asociación Nacionalista Italiana (Associazione Nazionalista Italiana), el Partido Social Democrático y el Partido Liberal Italiano representados por Giovanii Giolitti.
Las elecciones del 15 de Mayo de 1921 otorgaron la victoria al Partido Socialista Italiano que obtuvo 123 escaños, seguido por el Partido Liberal Popular de Luigi Sturzo con 108 y los Bloques Nacionales con 105, siendo precisamente el tercer candidato, Giovanii Giolitti, quién fue nombrado Primer Ministro debido a que los otros dos dimitieron y éste último fue obligado a formar gobierno por orden del Rey Víctor Manuel III. Curiosamente también Giolitti acabaría siendo cesado para ser sustituido por el Primer Ministro Ivanoe Bonomi, el cual no tardó mucho en caer en desgracia tras promover el fallido Pacto de Pacificación entre fascistas y socialistas, por lo que tras su fracaso dimitió en favor de un tecnócrata, el Primer Ministro Luigi Facta. Contrariamente los Fasces de Combate de Benito Mussolini que habían obtenido 37 escaños en el Parlamento Italiano, la mayoría procedentes de los votantes de Ferrara, Trieste, Pavia, Módena, Vicenza, Perusa y Reggio Emilia, se dispusieron a dar un salto aún mayor a la política con la fundación del Partido Nacional Fascista.
Oficialmente el 7 de Noviembre de 1921 se disolvieron los Fasces de Combate y se fundó el Partido Nacional Fascista (Partido Nazionale Fascista o PNF) durante el Congreso Augusteo de Roma, donde se mantuvo líder Benito Mussolini, además de ser nombrado Michele Bianchi como jefe de la Secretaría General y Giovanni Marinelli responsable de la Secretaría Administrativa, siendo los demás altos cargos repartidos entre los militantes Francesco Giunta, Achille Starace, Giovanni Giuriati y Augusto Turati. Como emblema del movimiento fue escogido el líctor romano constituido por treinta varas unidas a través de una cinta de cuero roja y un hacha, instaurándose como gesto identificativo el saludo romano y un culto a la figura de su líder que empezó a ser conocido como «Guía» o «Duce».
La ideología del Partido Nacional Fascista se recogió en el Estatuto Fascista basado en una especie de sincretismo político para reconciliar ciertos aspectos de la derecha y la izquierda, como por ejemplo propugnando un modelo estatal que garantizase la inviolabilidad de la propiedad privada, pero al mismo tiempo el bienestar de los trabajadores y los derechos de la clase obrera. De hecho eso mismo logró Benito Mussolini con la inauguración en Bolonia de la Confederación Nacional de las Corporaciones Sindicales, un cuerpo de carácter sindical que atrajo a miles de simpatizantes marxistas y que permitió a los fascistas extenderse sobre Lombardía, Emilia Romaña, Véneto, Toscana, Venecia Julia y Pulla, e incluso también sobre enclaves donde hasta entonces eran prácticamente inexistentes como el sur de Italia y Sicilia. De hecho el movimiento acogió a personalidades de todo tipo que dieron forma al fascismo como el sector más izquierdista y sindical encabezado por Sergio Panunzio, Angelo Olivetti, Edmondo Rossoni, Pietro Nenni, Alces de Ambris o Mario Gioda, un sector más derechista representado por Mario Carli, Afredo Rocco, Constanzo Ciano y el judío Cesare Goldmann, un ala moderada y constitucionalista que dirigían Giuseppe Botai y Massimo Roca, un ala anarquista representada por Leandro Arpinati, un ala feminista liderada por Regina Terruzzi y por supuesto un ala radical racista al frente de Roberto Farinacci.
Oficialmente la milicia del Partido Nacional Fascista fueron los Camisas Negras (Camicie Nere), bautizados así en honor a su uniformidad de camisa negra, fez oscuro sobre la cabeza, pantalones bombachos, cintos cruzados y botas, aunque también se distinguían por lucir simbología de calaveras, banderines, el puñal de los «arditi» y una estética que en ocasiones recordaba al Imperio Romano. Se trataba de fuerzas paramilitares agrupadas en torno a escuadras o «squadristi», tal y como habían hecho los Fasces de Combate, cuyos jefes locales denominados «ras» estaban jerarquizados bajo el paraguas de las Secciones Provinciales de Escuadras de Acción y los Grupos de Competencia, además de existir una sección para mujeres conocida como el Grupo Femenino y para jóvenes estudiantes llamada Vanguardia Juvenil Fascista (Avanguardia Giovanile Fascista).
El cometido de los Camisas Negras fue intimidar a la oposición política mediante la violencia callejera y mostrarse ante la ciudadanía como los garantes del orden en Italia, a veces manteniendo combates urbanos con porras, pistolas, fusiles, granadas y aceite de ricino, especialmente contra las milicias rojas del Partido Comunista Italiano. La primera acción fue agredir al diputado comunista Francesco Misiano al que arrastraron por la sala del Parlamento, antes de que siguieran otras tantas reyertas que acabaron con varias muertes en el país, entre estas las de dieciocho fascistas. A pesar de todo los escuadristas consiguieron hacerse con grandes distritos como por ejemplo los milicianos de Amerigo Dumini al marchar sobre Sarzana u otra legión de combatientes sobre Rávena, sin obviar con que los hombres de Italo Balbo saquearon el Castillo Estense de Ferrara y en Bolonia una milicia atacó el Palacio D’Accurso durante la toma de posesión del alcalde socialista Enio Gnudi después de una batalla callejera con 11 muertos (diez personas de izquierda y el concejal nacionalista Giulio Giordani). Según los registros de aquel año 1921 se produjeron 301 muertes entre 72 socialistas, 41 fascistas, 24 policías y 61 transeúntes por «fuego cruzado»; más 604 heridos entre 201 socialistas, 171 fascistas, 69 agentes y 163 civiles.
La violencia de los Camisas Negras se extendió desde 1922 por Milán, Roma, Bolonia, Módena y Portommagiore, no sólo con sus habituales enfrentamientos contra las bandas armadas del Partido Comunista Italiano, sino también con asaltos a sedes de organizaciones marxistas, sindicatos y periódicos de los opositores de izquierda, sobretodo del Partido Socialista Italiano. De igual manera los ataques se implementaron contra las minorías étnicas de alemanes «volksdeutsche» que vivían en el norte de Italia, básicamente en torno a Trentino y Alto Adigio en los Alpes, tras haber expresado sus representes el deseo de unir sus tierras a Austria o Alemania. A raíz de aquel clima de tensión y coacción, en ocasiones el Gobierno Italiano tuvo que ceder ante ciertas demandas del Partido Nacional Fascista como por ejemplo liberar de prisión a Carrara Ricci.
El 31 de Julio de 1922 los marxistas de la Alianza del Trabajo en Roma proclamaron una huelga general en contra del fascismo que llevaron a cabo sin poder ser disueltos ni por las fuerzas estatales ni por los Carabineros (Carabinieri). Fue entonces cuando el antiguo líder anarcosindicalista Michele Bianchi movilizó a diversas federaciones locales de Camisas Negras que cayeron violentamente contra los manifestantes a base de porrazos, a los que disolvieron para restaurar el orden en la capital. Al mismo tiempo en Génova, Bari, Asti, Brescia y Ancona se repitieron incidentes similares que acabaron con victoria de los escuadristas, como también en Parma tras ser destruida la sede del Partido Comunista de Oltrerronto. Sin embargo el mayor triunfo se obtuvo en Milán, donde los fascistas ocuparon el Palacio Marino, disolvieron la administración municipal y pusieron a su propio alcalde, el prefecto Fernando Lalli. Los marxistas solamente resistieron en la ciudad de Cremona, ya que las escuadras al frente de Roberto Farinacci fueron incapaces de acceder a la urbe debido a las barricadas y parapetos levantados por los militantes del Partido Comunista Italiana. A pesar de la demostración de fuerza y de que la izquierda sufrió una derrota sin precedentes que sería recordada como el «Caporetto del Socialismo» (en honor a la batalla de la Primera Guerra Mundial), Benito Mussolini fracasó en su propósito de que se convocasen elecciones porque por el momento le fue denegado por el Gobierno de Roma.
La huelga del verano de 1922 debilitó enormemente al gabinete del Primer Ministro Luigi Facta, quién ya era vulnerable por haber dimitido con anterioridad y haber retomado con efecto inmediato la administración para evitar un «vacío de poder», una decisión que refrendó el Parlamento de Roma por 274 a favor por 121 en contra, estos últimos sumando a socialistas, comunistas y fascistas. Aquella muestra de incapacidad del Estado por imponer el orden envalentonó a Mussolini, quién tomó la decisión de declarar a los Camisas Negras con el estatus de «Ejército Fascista», algo absolutamente ilegal debido a que era una organización paramilitar, pero sin ninguna consecuencia por parte del Gobierno de Roma que cada día se veía más superado por los acontecimientos, como tampoco la hubo al poco de que un grupo de escuadristas al mando de Francesco Giunta se hicieran con el control de las ciudades de Bolzano y Trento.
Como el Reino de Italia se encaminaba hacia una guerra civil aquel 1922, Benito Mussolini quiso adelantarse a los acontecimientos y por lo tanto el 20 de Septiembre anunció una serie de cambios en el programa del Partido Nacional Fascista consistentes en abandonar el republicanismo por abrazar provisionalmente la monarquía de la Dinastía Saboya, adoptar un discurso algo más liberal y moderado en el ámbito económico, y en prometer un mayor peso de la hegemonía latina en el mundo. Obviamente todas esas modificaciones respondían a un objetivo bien claro con el que se pretendía dar un golpe de mano para acabar con el sistema liberal y hacerse con el poder en un acontecimiento que pasaría a la Historia bajo el nombre de la Marcha sobre Roma.
Bibliografía:
-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, «Los Fascistas en el Parlamento / Se crea el PNF», Susaeta, (2003), p.28-30/30-31
-Óscar González, Pablo Sagarra y Lucas Molina, ¡O Roma o Muerte! La Marcha sobre Roma y el triunfo de Mussolini y el Fascismo 1922, «El Nacimiento del Partido Nacional Fascista», Galland Books (2022), p.29-32
-David Solar, La II Guerra Mundial como nunca se la habían contado, Volumen 4, «El Hombre Providencial», Revista La Aventura de la Historia (2009), p.9-10
-Robert Gerwarth & John Horne, War in Peace, Paramilitary Violence in Europe after the Great War, «Paramilitary Violence in Italy: The Rationale of Fascism and the Origins of Totalitarism», Oxford University Press (2012), pp.89-96













